viernes, 14 de agosto de 2009

Mi analista me dijo…

Leí una vez en una revista del corazón, que comenzar una conversación con la frase “mi psicólogo dice que…” está terminantemente prohibido en el contexto de una cita con una persona del sexo opuesto. No sé si alguna vez, antes o después de ser prevenida por esas palabras, lo hice. Creo que no. Quiero creer que no.
Si por ejemplo hubiese dicho que todo es culpa de nuestros padres, cosa que digo a menudo y que, por otra parte, no debiera ser novedad, no tendría por qué haber pecado de amargada e intolerante. Está comprobado y una carrera entera lo sustenta, que efectivamente todo es culpa de nuestros padres. Y de los hijos que no son sino receptores activos de lo que los padres inculcan acerca del arte de vivir. Ambos actores, para hablar en términos de lo que a mí concierne, son responsables, quitando con esta nueva palabra la carga valorativa de la expresión culpa.
Alguien que conocí me dijo que la palabra analista, referida a la salud mental, es algo así como un eufemismo y yo creí en aquel entonces, años atrás, que estaba en lo cierto sin lugar a duda. Hace unos pocos meses comprendí que dentro de la psicología hay otras corrientes y que al menos para una de ellas ya no es psicólogo el analista, y la terapia deviene análisis.

Habiendo aclarado estas cuestiones prosigo.

Días atrás mi analista me dijo que “hay que hacerse cargo de las ganas”. Lo traigo al papel para volverlo legible y tangible, para poder regresar a esta idea cuantas veces yo quiera y de manera inmediata.

O quien desee hacerlo.

martes, 28 de julio de 2009

En los restos

Qué tristeza dulce encontrar en los restos retazos del alba que compartimos. Sentir tu perfume abrazando los pliegues del tibio torrente que suele cubrirnos… y descubrirnos. Qué tristeza dulce encontrarte en los restos, beber la agonía y su néctar aun tibio, y amarte lejano, desearte tangible, creerte imposible, saberte soñado. Qué dulce y qué triste, pero aun más dulce, decirle a tu ausencia que aguardo su muerte y que no haya eco, ni murmullo antiguo que nos vuelva nada, derrame vacío. Qué triste y cuán dulce, pero aun más triste, esperar la aurora aunque no te acerque, y anhelar en vano tu respiro intenso, sobre mi respiro, sollozo, silencio.
Qué dulce tristeza hallarte en los restos para que me acunen cuando no tus brazos, y tener tu voz, tu sueño y desvelo y tu alma toda latiendo en mi pecho.

lunes, 20 de abril de 2009

Palabras

Añoranza. Lejanía. Pesar. Nostalgia.
Cerremos este capítulo que tiene un dejo de permanencia asfixiante. Cerremos las cajas con viejos papeles repletos de polvo. Cerremos una puerta, dejemos caer esa lágrima. Entreguemos la llave y sonriamos a esa noche bonaerense magnífica que siempre supo complacernos con su mera imagen. Dejémonos llevar por el camino hacia el después, o hacia el ahora. Pisemos el asfalto con firmeza dando esos últimos pasos, habitándolo una vez más mientras nos deja y lo dejamos. Que nos duela el vacío en el centro del cuerpo tenso de ansiedad, tembloroso y febril. Que nos moleste ese dolor, que nos colme de dudas. Que nos falte el aire de pronto.
Sintamos la pendiente del mundo en la próxima esquina y decidamos entonces saltar de una vez sin pensarlo dos. Atémonos a cosas incorpóreas de las que luego podamos desatarnos con facilidad si así lo quiere el viento. Huyamos en el aire lejos de todo para acercarnos a un nuevo ego y conocernos un poco. Un poco siquiera. Porque en el limite que separa cada una de las figuras de la tierra, allí podemos encontrar una esencia nueva, que siempre fue nuestra.
Y ser, ser y ser…
Abramos los postigos en tierras lejanas. Digamos: “¡es este el lugar de mis sueños!”. Bebamos el viento de tierras cercanas. Digamos: “¡es este el lugar de mi sueños!”. Y soñemos lugares de esta manera. Vivamos rincones, degustemos poesías, saboreando una a una las letras de nuestra palabra preferida.

Luz.

¿No es acaso una palabra deliciosa?

domingo, 23 de noviembre de 2008

Sur

Y si no hubiese dejado el sur… qué si no lo hubiera hecho? Probablemente estaría en otro rincón preguntándome por qué no lo hice: irme como me fui.

Sucede de pronto. Uno se contornea entre festejos y adioses, se colma de lágrimas el rostro, prepara las cajas, valijas, escribe cartas y sueña… uno sueña tanto cuando está a punto de dejar el nido que lo cobijó la vida entera. Y yo escribí algo de unas aves cuando mi mejor amiga se fue antes que yo, a un lugar que no iba a ser el mío. Unas aves libres a las que les habían dado una libertad que en realidad no deseaban. Porque yo anhelaba la huida sí, pero no había en mí espacio suficiente para abrazar esa dimensión toda, inconmensurable. La incertidumbre tenía tanto poder que generaba adrenalina, creaba la ficción de las certezas.
Abrí el cajón de la mesa de luz de mamá y le dejé una carta, mientras ella me esperaba fuera con mi modesta mudanza. Supe después que lloró, que los vacíos le pesaron como cuerpos sin forma entre los halos de luz que invadían mi cuarto. Quizá en simultáneo yo también lloré, observando por una ventana el gris del verano porteño disuelto en cenizas. Se había vuelto tan real el futuro y tan lejano todo lo demás que no pude más que abandonarme a esa sensación vagabunda entre tristeza y sosiego, y esperar…

Esperar…

domingo, 2 de noviembre de 2008

Aporteñarse...

Artículo publicado en el Portal Buenos Aires Sos

http://www.buenosairessos.com/articulo-313.html

lunes, 29 de septiembre de 2008

Simple

Hace días, quizá meses, que esta sensación de falta me pesa. Me faltaba hacer esto: sentarme un momento, ver el cursor en movimiento y en mis altos narrativos observarlo impaciente, reapareciendo, como gritándome que me quite la quietud de la ausencia de la mancha en la hoja, que le entregue al silencio una pizca de tinta para que deje de existir en este pliegue virtual, que me permita decir cualquier cosa con tal de decir algo.
Por qué será que las ideas no se armonizan sino de este modo muchas veces. Por qué será que aun teniendo lo que concede al escrito la facultad de ser, aun así me resulta vacío a menos que suceda esto. Esto que está ocurriendo ahora. Una proyección desconfigurada se desglosa en palabras y el sentido no es tan absurdo como lo era antes. Cuando era sinsentido.
Y he aquí la diferencia… ya me siento mejor. Y la falta decrece.

martes, 1 de julio de 2008

Mío

Quizás algo de mí se quedó con vos.

Y fue antes de volvernos humo
En el centro de esos aires viciados de la calle
Exactamente en el minuto previo
Cuando dejé ese espacio

Breve

Algo de mi se quedó con vos.

Luego en todos los vértices
Que guardan los restos
Tampoco hubo nada
Ni tuyo, ni mío, ni nuestro

Pero en mí

Late esa ausencia ignorada.

Y me pregunto para qué
Si hubiese acaso un sentido,
Para qué dejarte algo tan mio
Si de vos no tengo nada

Por qué me duelen dolores
Intangibles

Y muy a mi pesar
El tiempo deviene obtuso

Esa presencia pequeña
Intacta, entera
La dejé en un rincón
De tus rincones

Y ahora…

Serás esa parte del todo
Que se pierde en la nada
Por ser multitud

Serás masa
Serás todos y ninguno
Y seré alguien que una vez conociste
Que pudo quererte

A quien pudiste querer

Mientras tanto algo de mí
Se quedó en vos
Y como el tiempo es tirano
Ya te pertenece

Pero no logro dejarte
En la orilla de la alteridad
Como el mar se quita la sal de las olas
Y regresa al son del viento

Es inútil y perverso
Pretenderte inexistente
Quererte efímero
Sentirte invisible

Olvidarte

Así que ese algo mío
Lo dejo con vos
Dichosa por volverme
Tan humana como el resto de nosotros.